martes, 27 de septiembre de 2011

Omega






Cuando te derrites en calavera,
cuando se te escapan hasta las flores más secas,
cuando ya no te encuentras entre hojarasca ni arena,



ansioso, entonces, te buscas,
entre tus propios despojos,
pero el agua de tu boca sigue dejándote
hambriento,
ingrávidamente solo.


Y aúllas limones azules entre pámpanas viejas
por si zarcillo enredado o pétalo de rosa añeja
esponja el mudo alarido de tu dentallada negra.

Nadie te escucha.
Nadie te toca.
Nadie te acaricia.
Nadie se acerca.
Nadie te entiende.
Nadie.


Muere la seda.

Índigo, de imágenes y trazos. Enrique Morente de los desgarros enlazados.