Consuélenme tus besos, Antonio Gracia
Si, además de escuchar el poema de Antonio Gracia , "Consuélenme tus besos", lo analizáramos, tal vez se vería hay una sucesión de miradas encadenadas: el amado mira a la amada que, desde otra orilla, mira al amado contemplándola. Quizá todo está en el líquido esplendor que ambos contemplan para contemplar que se contemplan. El amado desearía que el líquido fulgor en que los ojos se abrazan fuera el mar de Ulises. Y, por si no lo fuera, se apacigua pensando en el alto cielo de Homero encrespado, origen de una transustanciación que consagra el juego de la contemplación: en un continuo viaje de miradas que miran que son miradas, la noche se llena de estrellas que, no obstante, recuerdan la fragilidad del amor, y el temor al naufragio . ¿Es esto, en todo o en parte, lo que nos dice este poema? Tal vez no es más que una posible lectura pues, aquí y siempre, el poeta es un jongleur que juega consigo mismo (y con las palabras, que son su esencia),...