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Mostrando entradas de febrero 11, 2017

Consuélenme tus besos, Antonio Gracia

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Si, además de escuchar el poema de Antonio Gracia, "Consuélenme tus besos", lo analizáramos, podríamos decir que hay una sucesión de miradas encadenadas: el amado contempla el mar, y este, a su vez, contempla a la amada. El amado mira a la amada que, desde otra orilla, mira al amado contemplándola. Pese a la lejanía que los separa, ella, anhelante y deseosa, se regocija al ser mirada, y él al mirarla.
El mar es espejo y reflejo de amado y amada: el líquido esplendor que ambos contemplan para contemplar que se contemplan. El amado desearía que ese líquido fulgor en que los ojos de ambos se abrazan fuera el mar de Ulises. No obstante, consciente de que no lo es, se apacigua pensando que es mar, pese a todo. Es el alto cielo de Homero encrespado. Y su encendido oleaje es origen de la transustanciación de ambos: un vértigo mutuo trasciende y transforma sus corazones, logrando su unión más allá de la distancia: igual que el pan y el vino dejan de ser pan y vino, los amados se unen…