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Mostrando entradas de julio, 2011

El viaje

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Antes de subirme al tren, vi, miré, reflexioné.



y, pese a las ventanas desvencijadas, y el tejado florecido de malas hierbas, me pregunté:


¿Acaso no empieza el viaje por esos cables que va tendiendo uno mismo, sabiéndolo, o incluso sin saberlo?
Índigo, de brevedad e imágenes.

Volátil

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Y volaba el agua entre tus manos con alas de libélula.
Fluían hacia mis alas tus olas, tus músculos, tu ofrenda.
Se agarraban tus dedos a la senda más ardua de mis venas.
Y aun aterecida me embebía el éter de tus dedos clavándose
en la sutil profundidad volátil de mis vaporosas sendas.

Índigo, de trazos e imagen.

Escaleras que suben, Rosa Alice Branco

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Escaleras que suben, Rosa Alice Branco Desmantelo el tiempo. Tú apareces
y viertes magia en el interior de los cajones
para la mano suspendida en el tirador
Tú, hacedora del tiempo, tú que lo multiplicas
que le das aliento y giras a mi alrededor;
cómo podría decir “yo” si soy tu herencia,
si reconozco tus gestos y los de mi infancia
en estas manos que me fueron prestadas
para que continúe tu milagro de mudar
la nada. ¿Mas cómo decir tiempo? ¿Cómo mostrarlo
suspendido en el gesto de tus manos, en el timbre de la voz
virtiendo el misterio en nuestras vidas,
en los peldaños que asestan golpes en tus rodillas
y en otras llagas que el tiempo lamió
cuando nos sentábamos en los últimos peldaños:
el paraíso a dos pasos del paraíso.


Índigo (nuria p.serrano) de las imágenes y la versión en castellano de un poema de Rosa Alice Branco que se puede leer en Soletrar o dia, Escrituras, Sao Paulo, 2004.




Ella

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Ella se hizo de luz para mi boca.
Me envolvió en su tul de iridiscencias
y ya sólo quiero ser matiz para sus ojos
o agua o piedra o curva o reflejo.
Y sentir sus escuetas patas de libélula.

nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte 2011, de trazos e imagen.

Vetusto espliego

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Toda la noche desnuda
recorro tu cuerpo abrupto,
mordiendo hasta el deseo.

Vierto la copa de la ausencia
Y me yergo, embriagada
por tu aroma de espliego.

Y rompo en mil pedazos tus recelos,
derrochándome, sedienta y golosa,
entre tu nariz y tus cabellos.

Y llueven destellos, centelleos.
Y se resquebrajan, lentos,
los espejos.

Y se turban de lluviosa luz
las hojas verdes
del deseo.

Índigo, de trazos e imagen.

Vanos

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Abrió las manos. Vio fluir dedos e incógnitas.

Índigo, de imagen y trazos.

Sainete, basura, piedras, manos y árbol

Me pongo una falda blanca, una camiseta marrón y unas sandalias a juego. Llamo a las perras. Les pongo el collar. Salgo de mi casa. Recorro la calle, atenta a sus pasos. Observo a las perras. Observo la calle. Miro la esquina de los contenedores. Sigo andando. Algo más allá, entreverados de verde, una pareja de rumanos buscando entre los despojos probablemente encuentren algo.

Sigo caminando. Sandalias, falda, camiseta y perras a mi lado. Paso delante de la única casa de puertas abiertas. Es  una vieja casa de pueblo.  Ahora ya ni en este pueblo se dejan las puertas abiertas. Pero esta casa es distinta: en una puerta viven rumanos y, en la otra, latinoamericanos.

Miro con discreción hacia el escueto balcón habitado: un torso masculino se acurruca en un teléfono. Desde la acera de enfrente oigo el melódico canto: ¿Cómo tú estás, mi vida? ¿Y la nena? Yo bien, todo bien... Y sigo caminando y, mientras camino despacio, con las perras a mi lado, voy perdiendo esa voz y esa historia que ni ti…

Cárdena luz

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con aroma de roca
 enroscándose

para enrocarse

en su boca

Índigo, de trazos e imágenes.