lunes, 31 de octubre de 2011

La efervescencia de la gaseosa


Esa tarde del verano de 2011 eran tiempos de feria moderna, perdida ya la gracia de los caballitos y los algodones de azúcar de las antiguas ferias. Y justo esa tarde empezaste tú a desgranar para mí tus ferias, esas primeras alegrías de infancia cuando, con tu padre y tu hermana, te acercabas a olores, colores y sabores de antaño: garrapiñadas, turrones...

Era verano. Hacía calor. Un calor sofocante como hace en los veranos de la Mancha. Y tú esperabas ansioso vuestra llegada a los puestos de los feriantes. Antes, ya te anticipabas al picoteo en la lengua y en la garganta. Casi eran las once de la noche pero aún hacía mucho calor. Tu padre sacaba los “cuartos” de su monedero. Ya casi había llegado el momento. Tus papilas se exaltaban. Observabas con calma el monedero y las dos monedas que tu padre entregaba al feriante a cambio de dos botellas de gaseosa, una para ti, otra para tu hermana. Paciente esperabas. Tomabas la botella de gaseosa la Pitusa entre tus manos y sentías entonces su dulzor en la lengua, el chisporroteo de su efervescencia en la garganta. Saboreabas lentamente toda la espera de esa diminuta botella de gaseosa, deleitándote en cada sorbo. Luego, si se podía y los “cuartos” lo permitían, caía también un trozo de turrón o una vuelta en el carrusel y, después, a casa con la boca plena de dicha y los oídos llenos de sonidos, burbujas y tracas.
Recuerdo tus ojos con diminutos diamantes mientras explicabas que hogaño no irías a la feria con tu nieta. Te quedarías con Ella. Y ahora que Ella te ronda, ya casi te cerca, y pinta de negro tus pulmones y de hoces tu gris y rala cabellera, ahora que ya no te quedan burbujas, ni colores a los que aferrarte, me abrazo a la anécdota de tus días de feria. ¡Quién sabe si tal vez la efervescencia te devuelva un leve atisbo gaseoso, un breve rabo de nube...! 

¿Alguien puede darme un recogedor de penas, un barredor de tristezas que pueda escampar la tormenta para devolverte una brizna de esperanza siquiera?

Pero el eco ronronea: ¿acaso puede haber esperanza cuando la cardencha extiende sus implacables brazos de afilada guadaña certera?

Índigo, de trazos e imágenes. Silvio Rodríguez de Rabo de Nube, canción enlazada.

lunes, 24 de octubre de 2011

Oda a la incomprensión, Jorge de Sena



Oda a la incomprensión

De todas estas palabras, no quedará, bien lo sé,
un eco que después de mi muerte
las diga vagamente por mi boca.
Todo cuanto soñé, cuanto pensé, sufrí
o no soñé, o no pensé
o apenas sufrí de no haber sufrido tanto
como aterrado esperara-
ningún eco habrá de otras canciones
no dichas, guardadas en los corazones
ajenos, palpitando, extrañas al hálito del poeta.

No por mí. Por todo lo que para palpitar
no encontró eco. Por todo lo que
para palpitar quedó en silencio, inmóvil
-y me duele como ausencia de música
no tocada, no escuchada, ritmo suspendido,
eminente, sentenciado, y me duele
dolorosamente, amargamente, en la distancia
del saber tan claro, de la visión tan lúcida
que hace tanto asola el acompasado ardor,
de las vibraciones de la sangre entre cuerpos cercanos.

Hace tanto, amor, que te quise desde mi imperfección,
desde mi crueldad, desde esta miseria de ser a intervalos
la inmensa cumbre en que me arrebatas
-mi pálpito de imagen a la orilla de la alegría,
mi reflejo en las aguas tranquilas de la libertad imaginada-,
hace tanto que ya ni mis errores regresan
como verdad para envenenar el día a día ajeno.
Tanto hace, amor, hace tanto.
¡¿Quién después de tanto alguna vez regresa?!
¿Y quién, imagen mía, fue contigo?
(¿De mí a ti, de ti a mí,
quién después de tanto alguna vez regresa?)

________
 Índigo  (nuria p.serrano) de  las imágenes y de esta versión al castellano de un poema de Jorge de Sena.

lunes, 17 de octubre de 2011

Piedra, pluma, anémonas

Encontré una pluma
para escribir deseos
en el vientre fértil y húmedo
de la piedra.


Había también un diván verde,

embebido de río, donde refrescar los pies
y tumbarse a la sombra.

Un cardo dibujaba algodones
entre pinchos de bronce
y pajizos aromas.

Suave la brisa
salpicaba de amarillos
sombras y rincones.
Entre verdes y marrones

se vestían de luz las hojas

y de la piedra brotaban

círculos de rosas.

Un hocico dibujaba senderos
en la febril telaraña
de un tronco ajado de hormigas rojas.

Y entre las flores muertas
estallaban en blancos y amarillos
miríadas de anémonas.

Índigo, de imágenes y trazos.



lunes, 10 de octubre de 2011

Hay mil rostros en la tierra: y ahora no consigo, Cecília Meireles




Hay mil rostros en la tierra: y ahora no consigo, Versión de Índigo (nuria p.serrano)

Hay mil rostros en la tierra: y ahora no consigo
recordar uno siquiera. ¿Dónde estás? ¿Te inventé?
Sólo veo lo que no veo y no sé si existe.
Esperamos así. Por esperanza, la espera
se va tornando sueño afable; mas descubro
en la mirada que te busca una niebla de rocío.


Cualquier palabra que te diga carece de sentido.
Estoy soñando, nada escucho, nada alcanzo.

Quien me ve no me ve, estoy fuera del mundo.



Allí, constante presencia en memoria guardada
percibo tu esencia – y no sé ni tu nombre.
Y a la tentación de tantas máscaras felices
se opone mi sangre, leal, nítida.

Índigo (nuria p.serrano), de las imágenes y de esta versión al castellano de un poema de Cecilia Meireles.

martes, 4 de octubre de 2011

Plano, Nuno Júdice


Plano, versión de Índigo (nuria p.serrano)
Trabajo el poema partiendo de una ecuación: el amor
que se despeja en la copa de la vida, hasta la mitad, como si
lo pudiésemos beber de un trago. En el fondo,
como el vino turbio, deja un gusto amargo en la
boca. Me pregunto dónde está la transparencia del
cristal, la pureza del líquido inicial, la energía
de quien desea apurar la botella; y la respuesta
son estos añicos que nos cortan las manos, la mesa
del alma sucia de restos, palabras esparcidas
en un cansancio de sentidos. Vuelvo, entonces, a la primera
ecuación. El amor. Pero sin gastarlo de una vez,
esperando que el tiempo llene la copa hasta arriba,
para poderla alzar a la luz de tu cuerpo

y ver, a su través, tu rostro entero.

Índigo, (nuria p.serrano) de todas las imágenes  y de esta traducción al castellano del poema de Nuno Júdice, PLANO.




 






domingo, 2 de octubre de 2011

Una flor y seis secretos



¿Y entre los pétalos?


Siete hilos de fuego.

Índigo, de trazos e imagen.