lunes, 24 de octubre de 2011

Oda a la incomprensión, Jorge de Sena



Oda a la incomprensión

De todas estas palabras, no quedará, bien lo sé,
un eco que después de mi muerte
las diga vagamente por mi boca.
Todo cuanto soñé, cuanto pensé, sufrí
o no soñé, o no pensé
o apenas sufrí de no haber sufrido tanto
como aterrado esperara-
ningún eco habrá de otras canciones
no dichas, guardadas en los corazones
ajenos, palpitando, extrañas al hálito del poeta.

No por mí. Por todo lo que para palpitar
no encontró eco. Por todo lo que
para palpitar quedó en silencio, inmóvil
-y me duele como ausencia de música
no tocada, no escuchada, ritmo suspendido,
eminente, sentenciado, y me duele
dolorosamente, amargamente, en la distancia
del saber tan claro, de la visión tan lúcida
que hace tanto asola el acompasado ardor,
de las vibraciones de la sangre entre cuerpos cercanos.

Hace tanto, amor, que te quise desde mi imperfección,
desde mi crueldad, desde esta miseria de ser a intervalos
la inmensa cumbre en que me arrebatas
-mi pálpito de imagen a la orilla de la alegría,
mi reflejo en las aguas tranquilas de la libertad imaginada-,
hace tanto que ya ni mis errores regresan
como verdad para envenenar el día a día ajeno.
Tanto hace, amor, hace tanto.
¡¿Quién después de tanto alguna vez regresa?!
¿Y quién, imagen mía, fue contigo?
(¿De mí a ti, de ti a mí,
quién después de tanto alguna vez regresa?)

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 Índigo  (nuria p.serrano) de  las imágenes y de esta versión al castellano de un poema de Jorge de Sena.