miércoles, 28 de noviembre de 2012

Labios


 (Puedes agrandar las imágenes haciendo clic en ellas)




Allí donde la tierra se nutre de la intensidad de la diagonal que entre azules y amarillos la abraza y la limita.










Allí donde la niebla transita y los cristales devoran cerezas para bailar su última danza de perlas y óleos sin margaritas.











Allí donde lo inesperado dormita, aún reina ella: burlona; traviesa; juguetona; sagaz; ardiente como una primera piel; curva; ligera; suave; pegadiza. Con mansa insistencia se aproxima, entreverándose de sal, almizcle, saliva. Grácil se contonea y en su contagiosa levedad dúctil musita: ¡ven! Y en un frenesí de azules sibilantes se insinúa y me habita y hábil bordea la aridez de mis labios. Es ella, sí. Ella: la SONRISA.












© Índigo, de trazos e imágenes. © Patti Smith, de la canción enlazada.


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Con esta entrada concluyen mis 7 pinceladas para un autorretrato:

Yo tenía una libélula en la Sierra de la Culebra
Desde el patio
Secrète douceur
Luz
Entre barros
Oquedad y telares
Labios


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Oquedad y telares





Cuando se astilla en mil y una orfandades
y los añiles se anudan en ocres y oquedades,
Ella, solo ella, la sacia, la asombra, la colma.

Se yergue entonces entre cumbres y telares.
Y deja que sus brazos la circunden, la azoren,

la cerquen, la engalanen, la calmen, la sacien.

Y la mudez vuela en humedad monótona
hacia un vidrioso tapiz de hojarasca y mares.






© Índigo, de trazos e imágenes.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Entre barros




Y fue senda.
Y entre barros
aprendió a saborear las huellas 
que otros dejaban en ella.


© Índigo, de imagen y trazos.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Esperanza, Mário Quintana



Allí muy en lo alto del duodécimo piso del Año
vive una loca llamada Esperanza
Y piensa ella que cuando todas las sirenas
Todas las bocinas
Todas las campanas suenen
Se precipitará al vacío
Y
- ¡Oh, espléndido vuelo!
Se la encontrarán milagrosamente incólume en la calzada,
Otra vez niña...
Y el pueblo se acercará y preguntará:
- ¿Cómo te llamas, chiquitina de ojos verdes?
Y ella les dirá:
(¡Es preciso repetirles todo de nuevo!)
Ella les dirá bien despacito para que no lo olviden:
- Me llamo ES-PE-RAN-ZA...

©TRAD.: nuria p.serrano índigo.



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© Índigo, de esta versión al castellano del poema de Mário Quintana, que figura en "Nova Antologia Poética", Editora Globo - São Paulo, 1998, pág. 118, y cuyo original puede leerse a continuación.








Esperança

Lá bem no alto do décimo segundo andar do Ano
Vive uma louca chamada Esperança
E ela pensa que quando todas as sirenas
Todas as buzinas
Todos os reco-recos tocarem
Atira-se
E
— ó delicioso vôo!
Ela será encontrada miraculosamente incólume na calçada,
Outra vez criança…
E em torno dela indagará o povo:
— Como é teu nome, meninazinha de olhos verdes?
E ela lhes dirá
(É preciso dizer-lhes tudo de novo!)
Ela lhes dirá bem devagarinho, para que não esqueçam:
— O meu nome é ES-PE-RAN-ÇA



© Mário Quintana, "Nova Antologia Poética", Editora Globo - São Paulo, 1998, pág. 118.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Seda






Yo observaba y anotaba. De soslayo. Ella frenó su vehículo frente al portalón. Ella también observó: ausencia de amarillos, agua, sol.

Yo lo anoté todo: ella detuvo su automóvil, abrió la ventanilla. Y empezó la conversación. Yo atenta las escuchaba. Luisa desgranaba la historia de la gatera; de los vecinos que la cercaban.

Entonces llegué yo. De sal y cristal, impetuosa, húmeda, curva, aferrándome a una Luisa, desarmada, hilo de sombra y sol. En la ventana, un cartón; en la gatera, un pedazo de madera, y yo, ágil, sedosa, grácil, por la mejilla de Luisa, oyéndolas a las dos.




nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte-2012, de imágenes y trazos.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Puerta, poesía, gatos, sombra y sol



(Puedes agrandar la imagen haciendo clic en ella)


Yo soy la sombra que abre la puerta hacia mundos nuevos. Yo soy la sombra que se vierte entre amarillos. Luisa. Esa soy yo. Y esta vieja conocida es mi puerta, tan vetusta y noble como yo. 

Los vecinos murmuran al verme llegar todos los días, puntual a la cita. Pero yo no me inmuto. Cuido a estos cinco gatos callejeros y ellos cuidan la vieja puerta de la bodega. Y, juntos, la puerta, los cinco gatos y yo, reímos. Ellos son listos: saben que la puerta les da cobijo y que yo los nutro y abrevo. Y los gatos ríen. Y río yo. 

Y yo me asombro y miro mi sombra en el portón, acicalado de sol, mientras ella toma fotos, sin acercarse demasiado para no invadir este pequeño espacio infinito que sólo pertenece a la puerta, la poesía, los gatos, mi sombra y yo.


© Índigo, de imagen y trazos. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cal y costra





Ya soy vieja. 
Los años han ajado mis maderas. 
Mi candado acumula algún que otro óxido 
y algunas huellas.
La cal que antes vestía mis bordes ya no se enjalbega. 
La cubren grafitis en verdes y rojos, descoloridos, añosos. 
Mi piel se curte, se arquea. Sin embargo, sigo viva, aunque muera. 
Soy la costra de la puerta que abre la gatera 
donde habitan mis gatos 
y una sombra certera. 


© Índigo, de imagen y trazos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La familia pobre






Érase una vez una pobre familia que vivía en la calle. Esa pobre familia que soñaba y rezaba todas las noches con tener riqueza. Sus noches eran frías y oscuras y pedían dinero por la calle, desesperados. Una noche rezando la familia por conseguir las riquezas apareció un hada dispuesta a concederles tres deseos que ellos decidieran. La familia hizo una reunión y, como eran cinco, decidieron que dos pedían un deseo; otros dos, otro y el que quedaba el último. 

Lo que pasó es que la familia no pensó en que esa hada no podía cumplir todos los deseos que ellos pidieron porque eran diferentes a los que ella podía conceder. Cuando los tres deseos se pidieron, los comentaron otra vez y dijeron cuáles eran. El primero era tener riquezas; el segundo, vivir en una preciosa y grande casa y, por último, el tercero poder pagar el colegio de los niños. El hada se extrañó de oír aquellos deseos y les dio una nota diciendo que la noche siguiente se cumplirían o no sus deseos.

La noche de los deseos todos rezaron para que se cumpliesen. Vieron a otra hada ir hacia allí, dándoles una nota diciéndoles que sus deseos no eran los adecuados. Ahí la familia comprendió que esa hada no era del tipo de sus deseos y siguieron siendo pobres tal como eran.


nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte 2012 de la imagen. De los trazos, mi hija Paloma, cuando tenía 9 años.