viernes, 30 de septiembre de 2016

Tinta



Imagen de: nuria p. serrano, Índigo Horizonte.
Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2011.
Reedición: Índigo Horizonte 2016.





miércoles, 28 de septiembre de 2016

Hilo dorado


Con la espuma de los días haré un hilo dorado como aquel de la fuente. ¿Recuerdas? Ese hilo de nogales.

Con la espuma de los días en las yemas de mis dedos tejeré. Tejeré en la urdimbre de lo pequeño: lo que pocos oyen, lo que pocos ven, lo que apenas los espíritus libres husmean en las horas locas del sueño. Ese tránsito en neblina de lo bello.

Y el hilo poblará mi frente. Y tejeré. Y la fuente y el nogal tejerán también. Tú aún no lo sabes. Y, aunque aún no has venido, llegarás. Y, aunque no quieras irte, te irás. Como tantas otras. Como tantos otros. Y engarzado en la trama de lo bello quedarás.


Trazos e imagen: nuria p. serrano, Índigo Horizonte 2016.
Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2011.


lunes, 26 de septiembre de 2016

La efervescencia de la gaseosa




Esa tarde del verano de 2011 eran tiempos de feria moderna, perdida ya la gracia de los caballitos y los algodones de azúcar de las antiguas ferias. Y justo esa tarde empezaste tú a desgranar para mí tus ferias, esas primeras alegrías de infancia cuando, con tu padre y tu hermana, te acercabas a olores, colores y sabores de antaño: garrapiñadas, turrones...

Era verano. Hacía calor. Un calor sofocante como hace en los veranos de la Mancha. Y tú esperabas ansioso vuestra llegada a los puestos de los feriantes. Antes, ya te anticipabas al picoteo en la lengua y en la garganta. Casi eran las once de la noche pero aún hacía mucho calor. Tu padre sacaba los “cuartos” de su monedero. Ya casi había llegado el momento. Tus papilas se exaltaban. Observabas con calma el monedero y las dos monedas que tu padre entregaba al feriante a cambio de dos botellas de gaseosa, una para ti, otra para tu hermana. Paciente esperabas. Tomabas la botella de gaseosa la Pitusa entre tus manos y sentías entonces su dulzor en la lengua, el chisporroteo de su efervescencia en la garganta. Saboreabas lentamente toda la espera de esa diminuta botella de gaseosa, deleitándote en cada sorbo. Luego, si se podía y los “cuartos” lo permitían, caía también un trozo de turrón o una vuelta en el carrusel y, después, a casa con la boca plena de dicha y los oídos llenos de sonidos, burbujas y tracas.

Recuerdo tus ojos con diminutos diamantes mientras explicabas que hogaño no irías a la feria con tu nieta. Te quedarías con Ella. Y ahora que Ella te ronda, ya casi te cerca, y pinta de negro tus pulmones y de hoces tu gris y rala cabellera, ahora que ya no te quedan burbujas, ni colores a los que aferrarte, me abrazo a la anécdota de tus días de feria. ¡Quién sabe si tal vez la efervescencia te devuelva un leve atisbo gaseoso, un breve rabo de nube...!

¿Alguien puede darme un recogedor de penas, un barredor de tristezas que pueda escampar la tormenta para devolverte una brizna de esperanza siquiera?

Pero el eco ronronea: ¿acaso puede haber esperanza cuando la araña teje su implacable tela?

Texto de: nuria p. serrano, Índigo Horizonte.
Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2011.
Reedición y fotografía: Índigo Horizonte 2016.


Escribí este texto en 2011: en ocasiones, somos el espejo de las palabras de otros, o de los silencios de sus ojos. 


viernes, 23 de septiembre de 2016

Entre silencios



Ven. Ven a susurrarme silencios al oído. Ven a darme tu boca y tus recuerdos. Ven a contarme despacio entre silencios. Ven entera y desnuda, con la piel y el goce aferrado aún a las yemas gastadas de tus dedos. Y yo, despojado de estas arrugas que habitan mis ramas escotadas, cándido pese a esta incipiente senectud que viste ya mi tronco, te recibiré. Y sin hojas, deshilachado y blanco, de tan incierto, perdido en su delirio, desde su ventana la vio rebasando límites, mordisqueando el lóbulo que, en su niñez, ya anunciaba que se convertiría en el más bello de la tribu de los Masai.

Texto de: nuria p. serrano, Índigo Horizonte.
Primera edición de esta entrada: Índigho Horizonte 2011.
Reedición y fotografía: Índigo Horizonte 2016.

Escribí entre silencios en 2011, en un París de tejados blancos.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Roald Dahl y la magia




Quienes no creen en la magia nunca la encontrarán.

Hay una pareja de golondrinas que lleva los seis últimos años haciendo el nido exactamente en el mismo lugar, en una cornisa de madera del cobertizo de las herramientas y, a mí, me sorprende verlas alzar el vuelo y recorrer en otoño miles de millas hacia el norte de África con sus polluelos y, luego, seis meses después, volver a encontrar su camino de vuelta y llegar al mismo cobertizo de madera en Gipsy House, Great Missenden. Es un milagro y hasta los ornitólogos más sabios del mundo siguen sin poder explicar cómo lo logran.

Texto original: Roald Dahl, en The Roald Dahl Treasury
Traducción al castellano: nuria p. serrano, Índigo Horizonte.
Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2010.
Reedición y fotografía: Índigo Horizonte 2016.

La entrada de hoy es la séptima y última "rescatada" de 2010: terminamos ese año con esa dama tantas veces olvidada y que, de improviso, vuelve y nos abraza. El próximo viernes, llegará 2011 y, con él, la primera de otras siete rescatadas.


lunes, 19 de septiembre de 2016

hay días en que recordamos o percibimos todo, José Rui Teixeira




hay días en que recordamos o percibimos todo
la silueta de las ciudades en el horizonte
la distancia que hay en los caminos que rasgan los corazones
como si fuesen cosechas de trigo
el nombre de ciertas cosas que solo sentimos en un abrazo

después pasamos la mano por el granito
como si fuésemos el tiempo
y como si la vida no fuese sino un destello
que atraviesa la rendija de la puerta del cuarto oscuro

y entonces descubrimos
en uno de esos rostros que miramos
que la vida podía ser otra
y que seríamos felices en otra sonrisa
si le entregásemos enteros nuestros labios

hay días así en que recordamos y percibimos todo
como si todo nos fuese inmensamente cercano
como si cada día naciese y muriese en un abrazo
como si la vida cupiese en un poema

Poema original de José Rui Teixera. Su poesía reunida puede leerse en su libro Diáspora, publicado en edición trilingüe: portugués, inglés y castellano.
Traducción: nuria p. serrano, Índigo Horizonte.
Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2010. 
Reedición y fotografía: Índigo Horizonte 2016.


viernes, 16 de septiembre de 2016

Todas las luciérnagas







Todas las luciérnagas

Te amaba.
Me pediste una luciérnaga.
Alcé la mano lejos.
Busqué.
Entre los árboles.
Entre el rocío.
Entre la grama.
Lejos.
Me afané.
La hallé.
Para ti.

Te amaba.
Lucían muchas luciérnagas.
Me pediste otra luciérnaga.
Icé mis ojos lejos.
Atrapé el arco iris.
Atrapé las estrellas.
Atrapé el universo.
Entero.
Para ti.

Te amaba.
Llené mis manos de luz.
Me hice luciérnaga.
Para ti.
Y quise buscar más luciérnagas.
Para ti.
No las encontraba.
Me afanaba.
Buscaba.
Lloraba.
En vano.
Ya no quedaban luciérnagas.
Para ti.

Te amaba.
Pedí luciérnagas.
Busqué estrellas.
Imploré luz.
Para ti.
Vi un destello.
Lejos.
Muy lejos.
Lo atrapé.
Te lo di.

Gozaste.
Creías tener todas las estrellas.
Todas las luciérnagas.
Me miraste.
Te miré.
Sonreíste.
Sonreí.
Y me rogaste.
Me pediste.
Me exigiste:
¡Aplasta todas las luciérnagas!
¡Apaga todas las estrellas!
Y asentí.

Te amaba.
Aplasté todas las luciérnagas.
Apagué todas las estrellas.
Para ti.

Habías amasado las estrellas
apagadas.
Atesorado las luciérnagas
aplastadas.
Acotado el universo.
Acaudalado la luz.
Y su reverso.
Pero el cielo estaba negro.
Ni una sola estrella.
Ni una sola luciérnaga.
Ni un solo fulgor.
En mí.

Imploraste más estrellas.
Exigiste más luciérnagas.
Querías otra estrella.
Todas las estrellas.
Otra luciérnaga.
Todas las luciérnagas.
Ordenaste.
Exigiste.
Reclamaste:
¡Arráncate el corazón!

Te amaba.
Me lo arranqué.
Te lo di.

Luego me puse alas
de libélula. 
Y me fui.



Fotografías y poema: nuria p. serranoÍndigo Horizonte. Primera edición de esta entrada y su balbuceo fotográfico y verbal: Índigo Horizonte 2010. Reedición de esta entrada y fotografía de la libélula verde: Índigo Horizonte 2016.



miércoles, 14 de septiembre de 2016

Teresa



- ¡Y no viene nadie! ¡Nunca viene nadie! ¡Sí, cuánto me queríais...! ¡Cuánto me queríais...!
- ¡Y te queremos, Teresa, te queremos!
- ¡Lo que quiera Dios, Teresa, bonita, lo que quiera Dios!, decía una intrusa.
- ¡Y no tener ningún alivio! ¡Cuánto me queríais...!
- ¡Y te queremos, Teresa, te queremos!

Tras esta letanía, no pude dejar de pensar que lo más humano sería ayudarte a morir aunque sabía que ni lo harían ni lo aceptarías. Entonces, te agarré del brazo. Te besé la cara, Teresa. Te intenté transmitir algo de calor, un poco de ternura, puse mis manos en tu cara, en tus brazos, en tu cabeza. Y tú, Teresa, dijiste: "¡tienes las manos muy calientes!"

Te hablé de la familia. Me quedé callada a tu lado, acariciándote, tocándote. Y tú repetías:

- "¡Sí, cuánto me queríais!".
- ¡Y te queremos, Teresa, te queremos!

Después, te trajeron la comida e hiciste el esfuerzo de comer un anodino puré naranja.

- "¡Siempre lo mismo!" "¡Siempre lo mismo! ¡Luego, el yogur, de limón!".

Terminaste de comer toda tu ración y nos marchamos. Ibas a dormir la siesta, sin ningún alivio…

Hace unos días ya, me llamaron: Teresa se marchó.

Y todavía hoy dos frases siguen resonando en mí:

- ¡Cuánto me queríais!
- ¡Te queremos, Teresa! ¡Te queremos!




nuria p. serrano, de estas palabras para Teresa. Primera fotografía: tomada por un familiar. Segunda fotografía: nuria p. serrano. Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2010. Reedición: Índigo Horizonte 2016.





lunes, 12 de septiembre de 2016

Prévert en Cambridge


Y seguimos con otra antigua entrada sobre Jacques Prévert

Los recuerdos de mi paso por Cambridge son escasos y nebulosos. Tenía entonces 23 años. Trabajaba y vivía en Inglaterra y pasaba un fin de semana fuera de mi lugar de residencia habitual. Llegamos a Cambridge en una caravana de dos amigos: Rosemary y Clive. En total, éramos cinco personas y tres nacionalidades: dos jóvenes españolas, una joven francesa, y Rosemary y Clive, dos ingleses de mediana edad. Solo vagamente me viene a la memoria el rostro de la francesa que residía con mi amiga española en casa de Rosemary y Clive. Se me agolpan los recuerdos de ese año en Inglaterra, de una nevada inmensa, de la lluvia, de las risas, pero son escasos los de mis dos días en Cambrige. Y aun así intensos: alguna calle perdida, alguna piedra y el tenue olor de una enorme librería. Allí nos llevaron Rosemary y Clive. Y allí, de entre los estantes de los poetas franceses, la joven francesa me recomendó un libro en francés que desde entonces me acompaña: Paroles, de Jacques Prévert. Algún día espero volver a Cambridge y pasear por la ciudad para agradecerle todas las hermosas tardes de lectura que, sin saberlo ella, me regaló y que me haría descubrir el poema: Acuérdate, Bárbara.



Acuérdate, Bárbara
Ese día llovía sin cesar en Brest
Y tú caminabas sonriente
Colmada feliz calada
Bajo la lluvia
Acuérdate Bárbara
Llovía sin cesar en Brest
Y yo me crucé contigo en la calle Siam
Tú sonreías
Y yo también sonreía
Acuérdate, Bárbara
Yo no te conocía
Tú no me conocías
Acuérdate
Acuérdate, mujer, de ese día
No lo olvides
Un hombre se guarecía bajo un porche
Y gritó tu nombre
Bárbara
Y tú corriste hacia él bajo la lluvia
Calada feliz colmada
Y te echaste en sus brazos
Acuérdate de eso Bárbara
Y no te enfades si te tuteo
Tuteo a todos los que amo
incluso si solo los he visto una vez
Tuteo a todos los que se aman
Incluso si no los conozco de nada
Acuérdate, Bárbara
No lo olvides
Esa lluvia sabia y plácida
Sobre tu rostro alegre
Sobre esa ciudad alegre
Esa lluvia sobre el mar
Sobre el arsenal
Sobre el barco de Ouessant
Ay Bárbara
Qué estupidez la guerra
¿Qué habrá sido de ti?
Bajo esa lluvia de hierro
De fuego de acero de sangre
Y aquel que te estrechaba en sus brazos amorosamente
¿está muerto desaparecido o tal vez aún vivo?
Ay Bárbara
Llueve sin cesar en Brest
Como llovía antes
Pero ya no es lo mismo y todo está perdido
Es una lluvia de duelo terrible y desoladora
Ni siquiera es ya tempestad
De hierro de acero de sangre
Tan solo son nubes
Que se ahogan como perros
Perros que desaparecen
Lánguidamente de Brest
Y van a pudrirse a lo lejos
Lejos muy lejos de Brest
Donde ya no queda nada.


Fotografías y traducción: nuria p. serrano, Índigo Horizonte 2012.  Poema original de Jacques Prévert, "Paroles", Gallimard, 1946. Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2012, reediciónÍndigo Horizonte 2016.



viernes, 9 de septiembre de 2016

A mi casa usted vendrá... de Jacques Prévert



Al menos tres grandes pasiones mías han ido conformando gran parte del imaginario de este blog desde que nació en 2010: la poesía, la traducción y la fotografía. La fotografía es mi devoción más joven: su primer guiño lo recibí en 2008. La palabra y la poesía han formado parte de mi universo desde que tengo recuerdos. La traducción llamó por primera vez a mi puerta a los 14 ó 15 años, cuando traduje un extracto de la Eneida del latín al castellano.

Hoy os dejo una entrada retrospectiva con mi traducción de uno de los poemas que forman parte de la cabecera de este blog: Dans ma maison tu viendras... del poeta francés Jacques Prévert. En esta entrada de 2010, solo incluí el inicio y el final del poema. Luego, en otra entrada de 2014, traduje el poema completo y lo acompañé de dos imágenes en las que se puede apreciar la evolución en mis fotografías.


Así comienza el poema:

A mi casa usted vendrá 
En realidad no es mi casa 
No sé de quién es 
Entré sin más un buen día 
No había nadie 


Solo unos pimientos rojos pendían en la pared blanca
Me he quedado mucho tiempo en esta casa 
Nadie ha venido 
Pero todos y cada uno de los días 
La he esperado a usted
No he hecho nada 
Quiero decir nada serio

(...)

Y así termina:

A mi casa tú vendrás
Pienso en otras cosas pero en realidad solo pienso en eso
Y cuando hayas entrado en mi casa
Te quitarás toda la ropa
Y te quedarás inmóvil desnuda erguida con tu boca roja
Como los pimientos rojos que cuelgan de la pared blanca
Y luego te tenderás y yo me tenderé a tu lado
Y ya está
A mi casa que no es mi casa tú vendrás.


Fotografía y traducción: nuria p. serrano, Índigo Horizonte 2010. Extracto de un poema de Jacques Prévert. Primera edición de esta entrada: Índigo Horizonte 2010. Reedición: Índigo Horizonte 2016.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Jaula dorada



Continúo la retrospectiva con la que, en su momento, fue segunda entrada de este blog. En este caso, se trata de un poema propio escrito en 2008 y que se quedó guardado en un cajón hasta abrir Índigo Horizonte y plasmarlo en él en 2010. Por la inmediatez de los blogs, fiel reflejo de la rapidez e inmediatez del mundo actual, no solemos ver que una entrada en un cuaderno de bitácora no siempre está relacionada con una vivencia directa y reciente sino, en ocasiones, con experiencias mucho más lejanas que nos hacen crear o recrear lo vivido en trazos, palabras, imágenes, sensaciones, música o poemas.


Ausencia de mí
en esta jaula dorada.
Hastío de barrotes
que hasta mi ausencia sujetan.
Sed de mares y olas.
Y ese perpetuo vaivén
a un adoquín atado.
Viento que me roza
y no me toca.
Un águila atada
sobrevuela
mi cabeza.

Fotografía y poema: nuria p. serrano, Índigo Horizonte 2010. Primera edición de la entrada: Índigo Horizonte 2010. Reedición: Índigo Horizonte 2016.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Quero ser o teu amigo, de Fernando Pessoa




Tras una prolongada ausencia, vuelvo con una retrospectiva de algunas de las entradas de los siete años de vida de este blog que inició su andadura el 26 de mayo de 2010. Hoy traigo el que en su día fuera mi primer paso en índigo.


Quiero ser tu amigo.
Ni más ni menos.
Ni muy lejano ni muy cercano.
En la medida más precisa que yo pueda.
Pero sin medida amarte y enraizarme en tu vida,
de la manera más discreta que yo sepa.
Sin quitarte libertad, sin sofocarte jamás.
Sin forzar tu voluntad.
Sin hablar cuando sea hora de callar.
Y sin callar cuando sea hora de hablar.

Ni ausente ni presente en demasía.

Sencillamente, serenamente, ser tu paz.
¡Es bello ser amigo, pero confieso: es tan difícil aprender!
Por eso te pido paciencia.
Voy a colmar tu rostro de añoranzas.
dame tiempo de acortar nuestras distancias…

Original: Fernando Pessoa


Fotografía y traducción: nuria p. serrano, Índigo Horizonte 2010. Primera edición de la entrada. Índigo Horizonte 2010. Reedición: Índigo Horizonte 2016.