domingo, 27 de febrero de 2011

A ti, Amancio Prada, À toi, Léo Ferré


A ti, Amancio Prada, versión de À toi, de Léo Ferré, primera canción del disco de Amancio titulado Vida de Artista, Canciones de Leo Ferré, que recomiendo.

La floresta que clava en el sol una lanza
Las promesas perdidas ya sin esperanza
La paloma asustada que el halcón alcanza

Los diamantes esquivan la pálida roca
En la calle los ojos se comen tu boca
El asfalto que pisas mi voz que tu tocas

Los amantes ardiendo abrazados a un lirio
Esas curvas fatales que causan delirio
Y los fieros conversos que van al martirio

El vientre del ahorcado que tensa la soga
Los vestidos de tul en patéticas bodas
Suerte a los emigrantes que tienen tan poca

El futuro en las manos que lee la gitana
Baudelaire y Shakespeare en la senda profana
Los caballos heridos en plena batalla

Un taller sumergido con mil costureras
Una cama que tiene al sol de cabecera
El catón de la vida una página entera

Los violines que lloran las ruinas futuras
Esa venta de entrañas la telebasura
Una hoguera y el viento para las cerraduras

Una mano que salve a los niños famélicos
Decisión para inflar el pulmón de los tísicos
Libres para incordiar el ardor patriochico

El arroyo que canta sin tregua hasta el puerto
Moribundo aquél perro, y aquél padre enfermo
Las mujeres que han muerto sin tener un sueño

Los cabellos ya blancos que piden caricias
La voz de la conciencia después de la misa
La mirada del niño que canta a la brisa

La armonía del cosmos la luz de los cielos
El lugar de la cita un guiño bajo el velo
Tu manía apostando siempre al color negro

Las puertas de socorro rampas celestiales
Los tristes solitarios de las capitales
Viudas que bajo el velo pierden sus cabales

La autovía impotente bajo la metralla
La emoción de los pechos que lucen medallas
Tantos desertores de su propia batalla

La pobreza guardada en cajita de celo
Aquel lobo herido que muere en silencio
El canto del gallo y el no de San Pedro

Corazones rotos entrando al quirófano
Esos hombres de bien que rompieron el átomo
El dinero que es Dios y que no tiene patria

Y además este tedio que nos agarrota
Es tremendo mi amor somos la misma cosa
Esperando la mano del ángel, con la última rosa

Amancio Prada


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Versión de Amancio Prada de la canción À toi, de Léo Ferré, cuya letra figura a continuación en francés.


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À toi, Léo Ferré.

La forêt qui s'élance au ciel comme une verge
Les serments naufragés qui errent sur la berge
Les oiseaux dénoncés que le chasseur flamberge

Les diamants constellés qui fuient les pâles couches
Tous les yeux de la rue qui crèvent sur ta bouche
Le pavé que tu foules et ma voix que tu touches

Les amants accolés muets comme la cire
Les culottes des femmes où le monde se mire
Les fauves repentis qui rendent des martyrs

Le ventre des pendus qui coule des potences
Les noces pathétiques où les larmes sont rances
Les émigrants qui n'ont jamais de pain d'avance

Les mains transfigurées qui règlent la tzigane
Baudelaire et Shakespeare au chevet des profanes
Les chevaux condamnés et leur dernière avoine

La voix pour commander à mille couturières
Un lit avec le Parthénon comme litière
Le cathéchisme de la joie la vie entière

Des violons barrissant les complaintes futures
Des tonnes de crachat sur la Critiquature
Le vent du large et des bûchers pour les clôtures

Des langues pour parler aux Chinois faméliques
Des poumons pour souffler au ventre des phtisiques
Des javas pour brouiller les chants patriotiques

Le ruisseau qui jouit jusqu'au Havre sans trêve
Le malheureux le chien qui meurt l'homme qui crève
Le sang des femmes qui sont mortes sans un rêve

Les cheveux élagués qui cherchent des caresses
Le remords amical du prêtre qui confesse
Les yeux des tout-petits riboulant de tendresse

L'orgue de la nature au souffle de violettes
Les rendez-vous mystérieux sous la voilette
Le numéro que tu voulais à la roulette

Les portes de secours battant sur les étoiles
Les Vendredis des Robinsons des capitales
La boussole des veuves aveugles sous leur voile

Le vain espoir des mitraillés sous la mitraille
La poitrine qui bat sous les pâles médailles
Les jésus désertant le fruit de tes entrailles

Les dentelles flottant au nez de la misère
Le loup blessé à mort qu'on regarde se taire
Le chant du coq et le silence de saint Pierre

Les cœurs déchiquetés qui parlent aux fantômes
Les gens de bien qui ont désintégré l'atome
Le Capital qui joue aux dés Notre Royaume

Et puis le majuscule ennui qui nous sclérose
Mon pauvre amour car nous pensons les mêmes choses
En attendant que l'Ange nous métamorphose...

À toi, Léo Ferré. Vie d'artiste.




Índigo, de los incisos y de las imágenes. Léo Ferré de la canción en francés y Amancio Prada, de la versión en castellano.

sábado, 26 de febrero de 2011

Calles sin ríos. Rosa Alice Branco



Calles sin ríos


Ciudad pequeña. Calles circulares.
¿Me oyes? ¿U oyes mi voz
que nada dice? Poco a poco fui tornándome invisible.
Tú me dejabas ser un pájaro en el nido
y me dabas picadas de amor. Ahora las calles
van a dar a otras calles. A veces al mar.
El fondo lleno de gritos depositados en la arena.
Son despojos de guerra, de luchas diarias
que roen los huesos. Pregunto si me oyes.
Sacudo la arena de los zapatos. Mi pie descalzo,
mi voz invisible, mi cuerpo expuesto a la luz.
¿Podía haber sido de otro modo? La luz camina a ciegas
sin sombra que la abrigue. Tu collar brilla
sobre el vestido negro. La verdad tiene un lado oscuro,
mas tus ojos cuentan historias de amor.
Quiero adormecerme en la cama de tus ojos.


Traducción: Índigo




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Índigo (nuria p.serrano), de la imagen y de esta versión de un poema original en portugués de Rosa Alice Branco, que forma parte de su libro Soletrar o dia.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ritmo, Pablo Guerrero y Leo Minax


Ritmo da lua
ritmo do sangue
ritmo dos atomos.

Ritmo do verso
ritmo da arvore
ritmo da fruta.

Ritmo do azul
ritmo de maio
ritmo da sombra.

Ritmo dos dias
ritmo das asas
Ritmo dos passos.

Mas ao ritmo e ao calor
das tuas maos na minha pele
mas ao ritmo do teu amor
voltarei.

Ao teus beijos nus
tua cintura de prata
sorriso do ceu.

Teu sexo de trigo
tua boca de seda
teu ventre de sol.

Tudo e ritmo.

________________ Letra de Pablo Guerrero para Leo Minax (2002). Y en castellano, y en la palabra de Pablo, dice:

Ritmo de luna
ritmo de sangre
ritmo de átomos.

Ritmo de versos
ritmo de árboles
ritmo de frutas.

Ritmo de azules
ritmo de mayo
ritmo de sombras.

Ritmo de días
ritmo de alas
ritmo de pasos.

Mas al ritmo y al calor
de tus manos sobre mi piel.
Mas al ritmo de tu amor
volveré

A tus pechos desnudos
a tu cintura de plata
a tu risa de cielo.

A tu sexo de trigo
a tu boca de seda
a tu vientre de sol.

Todo es ritmo.

Pablo Guerrero, un poeta que canta, Verbum Poesía (2002)

Índigo de la imagen. Pablo Guerrero de la letra de esta canción y Leo Minax de la interpretación.

jueves, 17 de febrero de 2011

Ataúd I - José Rui Teixeira

Ataúd I


Mecemos excesivamente a nuestros muertos, me decías.

Mecemos excesivamente a nuestros muertos, me decías.
Sus ojos negros, acuáticos, misteriosamente
náufragos del tiempo como momias de niños
enfermos del amor de los padres o árboles erguidos,
ensimismados en su propia soledad.

Yo también me demoro observando tu desnudez,
sin olvidar que también tú morirás un día.


Háblame secretamente de las magnolias, del modo

Háblame secretamente de las magnolias, del modo
como caen los pétalos sobre la tierra en los últimos días

Los que no saben de la súbita dulzura de las mañanas,
recogen silenciosamente fragmentos de la luz de marzo.
Mas tú nunca caminas sobre el trigo, ni asistes
a la devastación de un amor mayor que la muerte.
Derramarás tu sangre en la tierra incendiada,
para que lloren las flores el ineludible desecho del invierno.


Mecemos excesivamente a nuestros muertos.

Mecemos excesivamente a nuestros muertos.
Descarnamos sus huesos como si nos ardiesen
las puntas de los dedos y ladrillos dorados
nos pesasen en los pliegues de las manos.

Me detengo en los silencios descosidos

Me detengo en los silencios descosidos
de tu ropa interior, en la extrema soledad
que anochece en la tundra contra la forma
esférica del cielo de la boca o lenguas de fuego
sobre nuestras cabezas.

Serás como el fin del mundo en una caja
a los pies de la cama o la suspensión
demorada del crepitar de las ausencias.


Hubo un tiempo en que desconocía el miedo.

Hubo un tiempo en que desconocía el miedo.
Dios todavía amaba a los hijos de los hombres
cuando, años después, dejó de llover.
Se te cayó un libro de las manos como un presagio.

Es verdad que aún espero el rumor blanco de las planicies
la superficie de la mañana, tu boca como el estío.

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Índigo, de las imágenes de estas piezas escultóricas de Block tomadas en la Galería Vivendi, Place des Vosges, Paris, y de esta traducción (dedicada in memoriam a mi abuela) de Ataúde, de José Rui Teixeira, que inicia su libro titulado Diáspora, y que figura a continuación en portugués. Gracias infinitas a José por el extraordinario regalo que supone leer sus bellísimas letras en portugués, y el estimulante desafío de intentar trasladarlas al castellano:

Ataúde - I


Mexemos excessivamente nos mortos, dizias-me.

Mexemos excessivamente nos mortos, dizias-me.
Seus olhos negros, aquáticos, misteriosamente
náufragos do tempo como múmias de crianças
enfermas do amor dos pais ou árvores paradas,
ensimesmadas sobre a sua própria solidao.

Ainda assim observo demoradamente a tu nudez,
sem esquecer que tambén tu morrerás um dia.


Fala-me secretamente das magnólias, do modo

Fala-me secretamente das magnólias, do modo
como caem as pétalas sobre a terra nos últimos días.

Os que não saben da súbita brandura das manhãs,
recolhen silenciosamente fragmentos da luz de março.
Mas tu nunca caminhans sobre o trigo, nem asistes
à devastaçao de um amor maior que a morte.
Derramarás o teu sangue na terra incendiada,
para que chorem as flores o iniludível desfecho do inverno.


Mexemos excesivamente nos mortos.

Mexemos excesivamente nos mortos.
Descarnamos seus ossos como se nos ardessem
as extremidades dos dedos e ladrilhos dourados
nos pesassen sobre as reentrâncias das mãos.


Detenho-me nos silencios descosidos

Detenho-me nos silencios descosidos
da tua roupa de dentro, na extrema solidão
que anoitece a tundra contra a fome
esférica no céu da boca ou línguas do fogo
sobre as nossas cabeças.

Serás como o fim do mundo numa caixa
aos pés da cama ou a suspensão
demorada no crepitar das ausênsias.


Houve um tempo em que eu desconhecia o medo.

Houve um tempo em que eu desconhecia o medo.
Deus ainda amava os filhos dos homens
quando, anos mais tarde, parou de chover.
Caiu-te um livro das mãos como um presságio.

É verdade que espero ainda o rumor branco das planícies,
a superficie da manhã, a tua boca como o estio.

José Rui Teixeira, Diáspora, Ediciones Cosmorama.

domingo, 13 de febrero de 2011

Corpo no mar, Cecília Meireles



En agradecimiento a Tania


Cuerpo en la mar


Agua densa del sueño, ¿quién navega?
Contra las auroras, contra las bahías:
barca inmóvil, estrella ciega.

Bate el viento en la vela y no la cimbrea.
- ¡No fue por mí!

Se partirán los amarres, rodarán los mástiles,
los remos se adentrarán en  la arena...

Se torcerán los remos, y trazarán raíces.
- Inútil forzarlos – se arrastran, huyen
en la sombra secreta de eternos países...

¡Se tornó la vela en nube clara!
Llorarán mis ojos, mis manos correrán...
- ¡Alto y lejos! – No fue por mí...

Y apenas para
un cuerpo en la barca vacía,
a merced de las metamorfosis,
ojos vertiendo melancolía...

El viento sopla en el corazón.

¡Adiós a todos los meridianos!
Yago yo en un ataud cajón.

¡Ah! sobrevive el mar en mi oído...
«¡Marinero! ¡Marinero!»

(Islas... Pájaros... Puertos... – ese ruido,
- ¡El mar... El mar!... ¡El mar entero!...)

¡Mas es tiempo perdido!

Índigo (nuria p.serrano) de las imágenes y de esta versión de un poema de Cecília Meireles, Viagem, 1939.


sábado, 12 de febrero de 2011

Inventar a pele- Rosa Alice Branco



Inventando la piel
Y una vez más. La mano en la manivela
que hace girar el tiempo. Éramos invisibles
en medio de la gente. Todo era secreto, cómplice
de nuestro suave ascenso. Saborear la elevación
del cuerpo, el ruido de la madera, la puerta en espera
y el después de la puerta. El otoño llega deprisa.
Guardar el verano, restos de sol en la cima
de la escalera. Fue feliz el vestido estampado.
Había un viento leve, tu piel tocaba la mía,
el mar pasaba entre los pies y huía. Sentir tu cuerpo
como no llevar vestido. Arrojar las camisolas,
y ver tu mano interior inventando la piel.
Ella está al sol con un collar que llega a su pecho.
Directa como si no doliese el tiempo. Ella estará
cuando nosotros no estemos, y envejeceremos en las cuentas del collar.

Índigo, de la imagen y de esta versión al castellano, de un poema en portugués de Rosa Alice Branco. Es un poema extraído del libro, Soletrar o dia.

miércoles, 9 de febrero de 2011

El cuerpo no espera, Jorge de Sena




El cuerpo no espera. No. Ni por nosotros
ni por el amor. Esta senda de manos,
tan reticente cuestionándonos
la cálida sequedad satinada,
la que palpita al ser adivinada
en solitarios movimientos vanos;
esta senda en que nosotros no estamos
sino más bien una sed, un recuerdo, todo
lo que sabemos de tocar desnudo
el cuerpo que no espera; esta senda
que nada sabe, ni ve, nada
osa temer en su temor agudo…

¡Tiene tanta prisa el cuerpo! Y ya pasó,
cuando uno de nosotros o el amor llegó.

Índigo (nuria p.serrano) de la imagen y de esta versión al castellano de un poema de Jorge de Sena.

lunes, 7 de febrero de 2011

Azules



Ante el loto azul, anclé los anaqueles de la memoria; abrí la rosa de los días, pétalo a pétalo; tragué azules; saboreé rojos... Y quedé balbuciendo, con la certeza del olor acre de antaño, y musitando, con la osadía de los sonidos ávidos, apasionados y sabrosos de hogaño.

Y vacié los anaqueles para llenarlos de hojas nuevas, atadas con el delgado hilo de la memoria, frágil, de los años.

Índigo, de trazos e imagen.

viernes, 4 de febrero de 2011

Conozco la sal, Jorge de Sena


Conozco la sal de tu piel seca
cuando el estío se volvía invierno
de la carne reposando en sudor nocturno.

Conozco la sal de la leche que bebíamos
cuando de las bocas se perfilaban labios
y el corazón en el sexo palpitaba.

Conozco la sal de tus cabellos negros
o dorados o cenicientos que se enredan
en este sueño de brillos azulados.

Conozco la sal que queda en mis manos
como en las playas el perfume se ancla
cuando la marea baja y se retrae.

Conozco la sal de tu boca, la sal
de tu lengua, la sal de tus pezones
y la de la cintura arqueándose en cadera.

Y sé que la sal de todo es solo tuya,
O es de mí en ti, o es de ti en mí,
un cristalino polvo de amantes enlazados.





Índigo, de las imágenes y de la versión en castellano del poema de Jorge de Sena Conheço o Sal.