lunes, 15 de abril de 2013

Lisboa Regreso, Al Berto













LISBOA - REGRESO
Traducción: nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte 2013
Texto original: Al Berto.


El río disuelve la imagen crepuscular de la ciudad.
Una luz lívida, como polvo de nieve, viste el barrio. Lentamente, la noche va escondiendo Lisboa. La velocidad de las tareas cotidianas ha cejado.
La ciudad parece iluminarse desde su interior más secreto donde late un corazón muy antiguo.
Lisboa se transforma así en el lugar privilegiado para la invención de la escritura. En ese lugar me muevo y me encuentro, y en él me hundo en travesías, seducciones, olvidos.
No existe el tiempo. El tiempo del mundo se detuvo a las puertas de la noche de Lisboa.

Camino; las sombras de la ciudad van revelando, poco a poco, rostros que despiertan a la noche, gestos cómplices, cuerpos, atrevimientos inesperados, danzas, seducciones…
Camino por la ciudad que se ofrece a la voluptuosidad de la mirada. Al fondo de las calles y de las escaleras, en el pulmón de la noche, el Tajo, esa presencia invisible que, a veces, nos cala los huesos con su canto de neblinas grises.
Y voy de callejón en callejón, de bar en bar, de aroma en aroma, de mirada en mirada, conozco la ciudad como conozco las líneas de mis manos.
La recorro, hace años ya, como si esperase no sé bien qué, como si en esa espera, un día, acabara por revelárseme otra ciudad, o un rostro me incendiase los dedos, o una callejuela vista al fondo de un sueño se llamase Travesía de la Espera, o una pasión cualquiera, allí en el Príncipe Real, me traspasase el corazón…
En estado de enamoramiento avanzo noche adentro. Amo esta ciudad, secretamente, hasta que estalla el alba.
Pero las ciudades tal vez se han metamorfoseado en desiertos donde nos acostumbramos a pasear la melancolía.
Lisboa es, probablemente, uno de esos desiertos; el más melancólico que conozco.

A pesar de todo, nunca se está solo en esta ciudad. Hay siempre una mirada de soslayo que nos sorprende, una sonrisa maliciosa, un gesto inesperado, una derrota de amor. Una carcajada loca que se pierde de calle en calle, como en un laberinto…
Y en la memoria de quien pasó por Lisboa existe, casi siempre, un jardín misterioso para el encuentro, una explanada para quemar la espera ante un café.

Vivo en Lisboa como si viviese en el fin del mundo, o en un lugar que reuniese vestigios de toda Europa. En cada esquina me encuentro reminiscencias de otras ciudades, de otros encuentros, de otros viajes.
Aquí, todavía es posible inventar una historia y vivirla. O quedarse así, inmóvil, mirando al río y fingiendo que el Tiempo y Europa no existen, y Lisboa, si calla, tampoco.


nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte 2013, las imágenes y de la traducción de estas palabras de Al Berto, que pueden leerse en portugués en O anjo Mudo (Ediciones Assírio & Alvim, Tercera Edición, Marzo 2012, ISBN 978‑972‑37‑0519‑5).