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Mostrando las entradas etiquetadas como Zamora

Todas las luciérnagas

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Todas las luciérnagas Te amaba. Lucían todas las luciérnagas . Me pediste una luciérnaga. Alcé la mano lejos. Busqué. Entre los árboles. Entre el rocío. Entre la grama. Lejos. Me afané. La hallé. Para ti. Te amaba. Lucían muchas luciérnagas. Me pediste otra luciérnaga. Alcé los ojos lejos. Atrapé el arco iris. Atrapé las estrellas. Atrapé el universo. Entero. Para ti. Te amaba. Llené mis manos de luz. Me hice luciérnaga. Para ti. Y quise buscar más luciérnagas. Para ti. No las encontraba. Me afanaba. Buscaba. Lloraba. En vano. Ya no quedaban luciérnagas. Para ti. Te amaba. Pedí luciérnagas. Busqué estrellas. Imploré luz. Para ti. Vi un destello. Lejos. Muy lejos. Lo atrapé. Te lo di. Gozaste. Creías tener todas las estrellas. Todas las luciérnagas. Me miraste. Te miré. Sonreíste. Sonreí. Y me rogaste. Me pediste. Me exigiste: ¡Aplasta todas las luciérn...

Teresa

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¡ Y no viene nadie! ¡Nunca viene nadie! ¡Sí, cuánto me queríais...! ¡Cuánto me queríais...! ¡Y te queremos, Teresa , te queremos! ¡Lo que quiera Dios, Teresa, bonita, lo que quiera Dios!, decía una intrusa. ¡Y no tener ningún alivio! ¡Cuánto me queríais...! ¡Y te queremos, Teresa, te queremos! Tras esta letanía, no pude dejar de pensar que lo más humano sería ayudarte a morir aunque sabía que ni lo harían ni lo aceptarías. Entonces, te agarré del brazo. Te besé la cara, Teresa. Te intenté transmitir algo de calor, un poco de ternura, puse mis manos en tu cara, en tus brazos, en tu cabeza. Y tú, Teresa, dijiste: "¡tienes las manos muy calientes!" Te hablé de la familia. Me quedé callada a tu lado, acariciándote, tocándote. Y tú repetías: ¡Sí, cuánto me queríais!. ¡Y te queremos, Teresa, te queremos! Después, te trajeron la comida e hiciste el esfuerzo de comer un anodino puré naranja. ¡Siempre lo mismo! ¡Siempre lo mismo! ¡Luego, el yogur, de limón! Ter...

Alas para Ofélia

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nuria p. serrano,  ÍndigoHorizonte   2013, de la imagen.

Flores para Ofélia

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Flores para Ofélia (©Índigo – 2013) Duda Hamlet  y  en e l río  vierte  corolas y sépalos que con su blanco silencio  sacien los  sedosos  cabellos  sedientos   de Ofélia. © Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de imagen y trazos.

Dualidad y alas

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© Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de la imagen.

Dualidad y espejo

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© Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de la imagen.

Dualidad y alimento

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© Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de la imagen.

La pizarra y el fuego

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Pizarra vestida de ocres para una sonata de fuego. Lo sabes. Lo sé: " todos los fuegos el fuego ". ©Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de trazos e imagen.

Y sueña...

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Y sueña la sombra  con el azul del silencio.  Y  sueña  el cielo  con ser nube baja para habitar  tus maderos. ©Índigo – 2013 (nuria p.serrano) de trazos e imagen.

¿Buscas la perfección?, Mário Quintana

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¿ Buscas la perfección? No seas vulgar.  La autenticidad es mucho más difícil. nuria p.serrano , ÍndigoHorizonte2013, de las imágenes y de esta versión de las palabras de Mário Quintana que  pueden leerse en © Mário Quintana ,  Per vivere con poesia , edición bilingüe (portugués-italiano), selección y organización de Márcio Vassallo; traducciones de Natale P. Fioretto, Graphe.it edizioni 2010, ISBN 978-88-89840-54-2, título original Mário Quintana,  Para viver com poesia .

Santiago y el silencio

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SANTIAGO Y EL SILENCIO nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte 2013 A veces el silencio es  tan brutalmente silencio que ni siquiera la posición fetal sirve de recogimiento. nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte, 25-07-2013, de trazos e imagen.

Sinapsis estival

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  Sinapsis estival para una sinfonía de luz  y silencio. ©Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de imágenes y trazos.

Tiempo de libélulas

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Vuelve.  Vuelve el tiempo  de  libélulas.  Y yo me ausento. Y entre río y monte, utopía  y ala de iridiscencias. ©Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de imágenes y trazos.

(Escri)ver-me, Mia Couto

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(Escri)ver-me  ( v ersión:  © Índigo – 2013, poema original:  ©Mia Couto) nunca escri-ví soy apenas un traductor de silencios la vida me tatuó en los ojos ventanas en las que me transcribo y apago soy un soldado que se apasiona por el enemigo que va a matar Febrero 1985 ©Índigo – 2013 (nuria p. serrano) de las imágenes y de esta versión del poema de  © Mia Couto , que puede leerse en portugués en  Mia Couto ,  Raiz de Orvalho e outros poemas , 4ª edición,  © Caminho, outras margens,  ISBN 978-972-21-1302-1.

Libélula

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LIBÉLULA  ( ©Índigo) No la salvó tu voz de niño pidiendo alimento: “yo te quiero mucho, mamá, no te vayas. Me gusta mucho tu comida, sabes, mamá. ¿Quién me hará la comida si tú te vas?”. No la salvó tu inocencia ni tu zarpa afilada. La salvó una nube tardía teñida en naranja. La salvó una escueta línea azul de libélula, sin alas . ©Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de imágenes y trazos. Canciones enlazadas:  Il y avait un jardin , de Georges Moustaki, y Alas de Pablo Guerrero.

Luciérnaga

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Andaba yo mandil en mano, lavando, fregando, recogiendo platos. Llegaron ellos, en tropel, gritando:  — ¡Nuria, Nuria, trae la cámara, trae la cámara! ¡Una luciérnaga, Nuria, una luciérnaga! ¡Ven, ven !" — Pero es de noche, no saldrá bien…  Álvaro, Luna, Arturo, Nahuel, David, Mauro, Paloma y Nora, todos a la vez: — ¡Vamos, Nuria; v en, ven,  una luciérnaga, una luciérnaga! ¡Y un sapo!  ¡ Ven , ven!" Imágenes y trazos: nuria p. serrano ,  ÍndigoHorizonte 2013.

Lucía

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LUCÍA ( ©Índigo) Lucía. Hablaban. Decían. Hablaban. Se marchó. Hablaban. Pasaron los años, las olas, los días. Lucía. Hablaban. En un cruce de caminos sonó la aldaba. Hablaban. Desde el cerro, la garrota. Tu pelo cano, tus manos ajadas. Lucía. Hablaban. Lo escuchaste un rato. La misma mirada. Hablaste. Habló. Hablaban. Lucía. Te marchaste. Hablaban. En el mismo cruce, tú me lo contabas. Hablaban. Decían. Hablaban. Bajamos la loma. Tu cara arrugada. Tus ojos con chispas. Hablaban. ©Índigo – 2013 (nuria p. serrano), de imágenes y trazos.

Teresa

¡ Y no viene nadie! ¡Nunca viene nadie! ¡Sí, cuánto me queríais...! ¡Cuánto me queríais...! ¡Y te queremos, Teresa , te queremos! ¡Lo que quiera Dios, Teresa, bonita, lo que quiera Dios!, decía una intrusa. ¡Y no tener ningún alivio! ¡Cuánto me queríais...! ¡Y te queremos, Teresa, te queremos! Tras esta letanía, no pude dejar de pensar que lo más humano sería ayudarte a morir aunque sabía que ni lo harían ni lo aceptarías. Entonces, te agarré del brazo. Te besé la cara, Teresa. Te intenté transmitir algo de calor, un poco de ternura, puse mis manos en tu cara, en tus brazos, en tu cabeza. Y tú, Teresa, dijiste: "¡tienes las manos muy calientes!" Te hablé de la familia. Me quedé callada a tu lado, acariciándote, tocándote. Y tú repetías: ¡Sí, cuánto me queríais!. ¡Y te queremos, Teresa, te queremos! Después, te trajeron la comida e hiciste el esfuerzo de comer un anodino puré naranja. ¡Siempre lo mismo! ¡Siempre lo mismo! ¡Luego, el yogur, de limón! ...