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Mostrando entradas de 2012

Se va...

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el otoño  y llega  con escarcha  en las manos  el invierno.





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© Índigo, de trazos e imágenes.

Oasis, Sophia de Mello Breyner Andresen

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OASIS
Traducción: nuria p. serrano, Índigo Horizonte 2012
Original: Sophia de Mello Breyner Andresen
Penetraremos en el palmar El agua será clara la leche dulce El calor será leve la sábana blanca y fresca El silencio estará desnudo – el canto De la flauta será nítido en la lisura De la penumbra Lavaremos nuestras manos de polvo y desencuentro


© Índigo Horizonte, de  las imágenes y de esta versión al castellano del poema de Sophia de Mello Breyner Andresen, que puede leerse en portugués enO nome das coisas, p. 54, Caminho, 4ª edición, ISBN: 972-21-1603-7







Solo la luz

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Era eso. Solo eso. Solo la luz. Y su estallido.

©Índigo, de trazos e imagen. ©Rosa Passos de la canción enlazada.

Epifanía en añil

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Hay paisajes en añil. No se buscan. Se encuentran. Basta con cerrar bien los ojos sin apretarlos mucho. Así llegué hace tiempo al blog de Luis Serrano, gran bloguero y excelente persona, de esas que llevan ética y estética mar adentro y a la que tuve la suerte de ver y conocer en Madrid. Por eso, cada vez que abro su blog, mis ojos se visten de añiles suaves y a la vez intensos. Como cuando paseo por el campo y de pronto el arcoíris se abre ante mis ojos en un pequeño rincón bruma y sin una sola gota de lluvia. Son esas pequeñas cosas sencillas que me conmueven y me incitan a buscar un poema, o unas palabras que acaricien los añiles y los vuelvan aún más marinos. Así fue cuando vi esta imagen azul, tan azul en el blog de Luis, que os recomiendo. Y este fue el poema que saltó a mis ojos para acompañar una imagen tan bella. Gracias, Luis, por tanta inmensidad en color. Y en blanco y negro.

_________© Luis Serrano de la imagen. © Índigo, de los trazos y de esta versión del poema de José R…

Podría haber escrito el temblor de tu respiración tan lejana, Daniel Faria

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Podría haber escrito el temblor de tu respiración tan lejana
Haber escrito con la sangre.
También podría haber escrito las visiones
Si los ojos divididos en partes no sobrasen
En este vacío de ceguera
Y luz.
Podría haber escrito lo que sé
Del futuro y de ti
Y de haber visto en el desierto
El silencio, el fuego y el diluvio.
De dormir lleno de sed y podría
Escribir
El interior del reposo
Y ser chispa donde la muerte vive
Y la vida muere.
Y podría haber escrito mi nombre en tu nombre
Porque me alimento de tu boca
Y en la palabra me sustento en ti.

nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte, 2012, de las imágenes, y de la traducción de este poema de Daniel Faria, (Antemanhã - Inéditos) – Poesia, Assírio & Alvim, edición de Vera Vouga, Porto Editora, 1ª edición, mayo de 2012, ISBN 978-972-0-79307-2, p 19.


Obsesión del Mar Océano, Mário Quintana

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A Elena, sus colores, su mar, su océano. Con añiles y afecto.

Obsesión del Mar Océano, Mário Quintana
Traducción: nuria p. serrano,Índigo Horizonte, 2012.

Voy andando feliz por las calles sin nombre…
¡Qué buen viento sopla del Mar Océano!
Mi amor yo no sé cómo se llama
Ni sé si está muy lejos el Mar Océano…
Pero veo jarrones llenos de diminutas conchas
Sobre las mesas… y chicas en las ventanas
Con pendientes y pulseras de coral…
Caracolas calzando puertas… carabelas
Soñando inmóviles sobre viejos pianos…
Y, de pronto,
En el escaparate del bazar, tu sonrisa, Antínoo
Y me acuerdo del pobre emperador Adriano
De su alma perdida y errante en la neblina…
¡Pero cómo sopla el viento en el Mar Océano!
Si yo muriese mañana, apenas dejaría, apenas
Una caja de música
Una brújula
Un mapa figurado
Unos poemas plenos de esa especial belleza
De seguir aún inconclusos…
¡Mas cómo sopla el viento en estas calles de otoño!
Y yo aún sin saber cómo te llamas…
Pero nos encontraremos en el Mar Océano,
Cuando y…

Labios

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Allí donde la tierra se nutre de la intensidad de la diagonal que entre azules y amarillos la abraza y la limita.









Allí donde la niebla transita y los cristales devoran cerezas para bailar su última danza de perlas y óleos sin margaritas.










Allí donde lo inesperado dormita, aún reina ella: burlona; traviesa; juguetona; sagaz; ardiente como una primera piel; curva; ligera; suave; pegadiza. Con mansa insistencia se aproxima, entreverándose de sal, almizcle, saliva. Grácil se contonea y en su contagiosa levedad dúctil musita: ¡ven! Y en un frenesí de azules sibilantes se insinúa y me habita y hábil bordea la aridez de mis labios. Es ella, sí. Ella: la SONRISA.











© Índigo, de trazos e imágenes. © Patti Smith, de la canción enlazada.

_______________ Con esta entrada concluyen mis 7 pinceladas para un autorretrato:
Yo tenía una libélula en la Sierra de la Culebra
Desde el patio
Secrète douceur
Luz
Entre barros
Oquedad y telares
Labios

Oquedad y telares

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Cuando se astilla en mil y una orfandades
y los añiles se anudan en ocres y oquedades,
Ella, solo ella, la sacia, la asombra, la colma.
Se yergue entonces entre cumbres y telares.
Y deja que sus brazos la circunden, la azoren,
la cerquen, la engalanen, la calmen, la sacien.
Y la mudez vuela en humedad monótona
hacia un vidrioso tapiz de hojarasca y mares.





© Índigo, de trazos e imágenes.

Entre barros

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Y fue senda.
Y entre barros
aprendió a saborear las huellas 
que otros dejaban en ella.


© Índigo, de imagen y trazos.

Esperanza, Mário Quintana

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Allí muy en lo alto del duodécimo piso del Año
vive una loca llamada Esperanza
Y piensa ella que cuando todas las sirenas
Todas las bocinas
Todas las campanas suenen
Se precipitará al vacío
Y
- ¡Oh, espléndido vuelo!
Se la encontrarán milagrosamente incólume en la calzada,
Otra vez niña...
Y el pueblo se acercará y preguntará:
- ¿Cómo te llamas, chiquitina de ojos verdes?
Y ella les dirá:
(¡Es preciso repetirles todo de nuevo!)
Ella les dirá bien despacito para que no lo olviden:
- Me llamo ES-PE-RAN-ZA...

©TRAD.: nuria p.serrano índigo.



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© Índigo, de esta versión al castellano del poema de Mário Quintana, que figura en "Nova Antologia Poética", Editora Globo - São Paulo, 1998, pág. 118, y cuyo original puede leerse a continuación.








Esperança

Lá bem no alto do décimo segundo andar do Ano
Vive uma louca chamada Esperança
E ela pensa que quando todas as sirenas
Todas as buzinas
Todos os reco-recos tocarem
Atira-se
E
— ó delicioso vôo!
Ela será encontrada miraculosamente incólume na c…

Seda

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Yo observaba y anotaba. De soslayo. Ella frenó su vehículo frente al portalón. Ella también observó: ausencia de amarillos, agua, sol.
Yo lo anoté todo: ella detuvo su automóvil, abrió la ventanilla. Y empezó la conversación. Yo atenta las escuchaba. Luisa desgranaba la historia de la gatera; de los vecinos que la cercaban.
Entonces llegué yo. De sal y cristal, impetuosa, húmeda, curva, aferrándome a una Luisa, desarmada, hilo de sombra y sol. En la ventana, un cartón; en la gatera, un pedazo de madera, y yo, ágil, sedosa, grácil, por la mejilla de Luisa, oyéndolas a las dos.




nuria p. serrano, ÍndigoHorizonte-2012, de imágenes y trazos.

Puerta, poesía, gatos, sombra y sol

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Yo soy la sombra que abre la puerta hacia mundos nuevos. Yo soy la sombra que se vierte entre amarillos. Luisa. Esa soy yo. Y esta vieja conocida es mi puerta, tan vetusta y noble como yo. 
Los vecinos murmuran al verme llegar todos los días, puntual a la cita. Pero yo no me inmuto. Cuido a estos cinco gatos callejeros y ellos cuidan la vieja puerta de la bodega. Y, juntos, la puerta, los cinco gatos y yo, reímos. Ellos son listos: saben que la puerta les da cobijo y que yo los nutro y abrevo. Y los gatos ríen. Y río yo. 
Y yo me asombro y miro mi sombra en el portón, acicalado de sol, mientras ella toma fotos, sin acercarse demasiado para no invadir este pequeño espacio infinito que sólo pertenece a la puerta, la poesía, los gatos, mi sombra y yo.

© Índigo, de imagen y trazos.

Cal y costra

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Ya soy vieja.  Los años han ajado mis maderas.  Mi candado acumula algún que otro óxido  y algunas huellas. La cal que antes vestía mis bordes ya no se enjalbega.  La cubren grafitis en verdes y rojos, descoloridos, añosos.  Mi piel se curte, se arquea. Sin embargo, sigo viva, aunque muera.  Soy la costra de la puerta que abre la gatera  donde habitan mis gatos  y una sombra certera. 

© Índigo, de imagen y trazos.

La familia pobre

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Érase una vez una pobre familia que vivía en la calle. Esa pobre familia que soñaba y rezaba todas las noches con tener riqueza. Sus noches eran frías y oscuras y pedían dinero por la calle, desesperados. Una noche rezando la familia por conseguir las riquezas apareció un hada dispuesta a concederles tres deseos que ellos decidieran. La familia hizo una reunión y, como eran cinco, decidieron que dos pedían un deseo; otros dos, otro y el que quedaba el último. 
Lo que pasó es que la familia no pensó en que esa hada no podía cumplir todos los deseos que ellos pidieron porque eran diferentes a los que ella podía conceder. Cuando los tres deseos se pidieron, los comentaron otra vez y dijeron cuáles eran. El primero era tener riquezas; el segundo, vivir en una preciosa y grande casa y, por último, el tercero poder pagar el colegio de los niños. El hada se extrañó de oír aquellos deseos y les dio una nota diciendo que la noche siguiente se cumplirían o no sus deseos.
La noche de los deseos to…

Poesía y gateras

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Hay austeridades y austeridades y ventanas y gateras. Curioso el modo en que, cuando una puerta se cierra, puede abrirse un mundo nuevo. Mezclo hoy aquí sensaciones mías y ajenas. Cuando un jueves cualquiera te levantas con un cúmulo de tareas, de pronto, algo te ayuda a volver a sonreír. Un escaparate de una nueva librería y Rilke, en el centro. Y las alegrías viejas se hacen nuevas, pero los tiempos no permitían grandes lujos y ya era uno saborear la poesía con mayúsculas desde lejos.
Unas semanas más tarde volví a pasar por la puerta de esa librería y allí estaba el libro Paul Auster, Poesía completa, en la traducción y prólogo de Jordi Doce. Esta vez, puse límites a las limitaciones de esta crisis impuesta y, que me perdone Rilke, entré en la librería con Auster en la cabeza. Pregunté por el precio del libro, casi como una estrategia para ocultar mi alegría, o para tener más tiempo de saborearla. No presté mucha atención a la respuesta.
Después, conversé con las dos libreras. Les ex…

Luz

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Hilo Halo  Hábil Haz




Azul




© Índigo, de trazos e imágenes. © Nick Drake de la canción enlazada en azul: Way to Blue. Cuarta pieza del puzzle autorretrato.

Ítaca, Daniel Faria

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ÍTACA
Lo que duele
Es no poder borrar tu ausencia
Y repetir día tras día los mismos gestos.
Lo que duele
es tu nombre que quedó como mendigo
Descubierto en cada esquina de mis versos

Lo que duele
es todo y más aquello que destejo
Al tejer para ti nuevos regresos

© Trad. de Índigo
__________  Índigo de las imágenes y de esta versión del poema de Daniel Faria que puede leerse a continuación en portugués, extraído de Poesia, Assírio & Alvim, edición de Vera Vouga, Porto Editora, 1ª edición, mayo de 2012, ISBN 978-972-0-79307-2, p 379.







ÍTACA
O que dói
É não poder apagar a tua ausência
E repetir dia após dia os mesmos gestos

O que dói
é o teu nome que ficou como mendigo
Descoberto em cada esquina dos meus versos

O que dói
é tudo e mais aquilo que desteço
Ao tecer para ti novos regressos

© Daniel Faria (en Das Madrugadas, Oxálida).Poesia, Assírio & Alvim, ediçao de Vera Vouga, Porto Editora, 1ª ediçao , mayo de 2012, ISBN 978-972-0-79307-2, p 379.

Secrète douceur

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« La vie est faite de morceaux qui ne se joignent pas » 
© Françoise Hardy, enModern Style.




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Y ante la vida, 

y su amante de manto negro,

o mistério







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© Índigo, de las imágenes y el trazo. Françoise Hardy y Alain Delon, de Modern Style, y Teresa Salgueiro de O Mistério, que da título a su último disco. 
Tercera pieza del puzzle autorretrato.

Desde el patio

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Me sentaba en el patio y escuchaba
el murmullo del viento
y, a lo lejos, una gaita.
Me levantaba luego,
corría hacia el río,
hacia la puente,
y allí, en el balcón,
estaba ella, esperando.


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© Índigo, de imagen y trazos. 

Yo tenía una libélula en la Sierra de la Culebra...

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Yo tenía una libélula en la Sierra de la Culebra...
Yo tenía una libélula en la Sierra de la Culebra...

nuria p. serranoÍndigo Horizonte 2012, de la imagen, y Ayub Ogada, de Kohbiro, canción enlazada en libélula.

Invocación, Nuno Júdice

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Invocación, © Traducción: Índigo

¿Qué saben los pájaros del otoño que llega,
con su fondo de nubes, derramando cenizas
sobre el cielo de la memoria? Los oigo, de madrugada,
anunciando la partida, y veo el horizonte llenarse
con su emigración, llevando a otros lares
la nostalgia del estío.

Los sigo con los ojos; y el tiempo que
me dejan vacíase de música, como si
el silencio no tuviese su ruido inmenso,
y una vibración de nada no me trajese
a los oídos su eco, robado a un
pozo cerrado de una infancia distante.
¿Cuántas veces me avisaron, esos pájaros, de
lo que había de venir? Leí en su pecho abierto
un futuro blanco; y les llené de sombra
las entrañas para que, donde hubo un corazón,
la vida aún palpitase, incluso aunque no fuese más
que el diseño pálido de un ser antiguo.
Pero es en el presente donde su canto
me trastoca; y les doy, en el abrigo de la estrofa,
un nido de palabras donde su sueño se
ampare del invierno, y sus ojos cerrados
guarden la imagen del azul, el deseo del vuelo, y