viernes, 13 de noviembre de 2015

Rainer Maria Rilke, según Marguerite Yourcenar

nuria p.serrano, ÍndigoHorizonte 2015, de trazos e imagen.

Pienso en Roma y en el circo: las fieras, los gladiadores, el público: casi el espectáculo cotidiano en esta España roma tan nuestraVuelvo a pensar en los sin refugio. Y yo, que sí tengo refugio, releo una edición bilingüe en francés y alemán de Gedichte an die Nacht, de Raimer Maria Rilke. El prólogo de Marguerite Yourcenar, siempre aguda y lírica, me conmueve. Me autoexilio. Abro el libro:

RAINER MARIA RILKE
Traducción: nuria p.serrano, ÍndigoHorizonte 2015.
Texto original, en francés: Marguerite Yourcenar, 1936.

"(...) Respeto por los hombres, respeto por sus almas invisibles, o tan escasamente, tan turbiamente adivinadas; respeto por sus cuerpos tristes que ellos mismos no respetan, contentándose de adorarlos, torturarlos, o de negarlos. Respeto por las cosas de las que los hombres abusan, con más inconsciencia aún, y que tratan peor que a su propio corazón. Respeto por el silencio, cuajado del presentimiento de voces futuras; respeto por el pasado, que es presente, como la huella que deja en el joyero el anillo cuando ya está en el dedo, y respeto por el instante presente, que pronto irá a añadirse al pasado, atraído por el imán del Tiempo. Respeto por los ángeles que son nuestros guardianes y que, quizá, sean nuestras almas; respeto también por nuestros demonios, que no son sino la sombra que nuestros ángeles acarrean. Respeto por Dios, aunque no sea, porque no ser no es sino una manera un poco más noble y pura de existir, y porque es nuestro, al menos en forma de esperanza y deseo. Respeto por el amor, que hombres y mujeres ya no respetan, porque tienen miedo de verse obligados a ser dignos de él. Respeto por la muerte, que es el fruto de nuestra vida y casi su progenitura. Rilke respetó todas estas cosas, y pasó su existencia, venerándolas, posando sobre ellas sus manos cada vez más temblorosas pero que, como las del amante, solo tiemblan de puro aplomo. En una época que se muere de aridez desdeñosa y de brutal indiferencia, Rilke es el único poeta al que cosas y personas confesaron sus mayores secretos porque fue el único que comprendió la necesidad de rendirse. (…) Hace 10 años ya que Rilke entró en esa tierra donde el sepulturero de sus cuentos esperaba escarbar lo suficiente para reencontrarse con Dios, y ya la obra de este poeta se eleva como la de un ángel y ofrece a los desdichados el bálsamo de sus propias lágrimas."

El texto original se puede leer en Poèmes à la nuit, Rainer Maria Rilke, Éditions Verdier, ISBN: 978-2-86432-189-7, 2012.