viernes, 26 de octubre de 2012

Poesía y gateras




 (Puedes agrandar las imágenes haciendo clic en ellas)



Hay austeridades y austeridades y… gateras y ventanas y puertas. Curioso el modo en que, cuando una puerta se cierra, puede abrirse una ventana, o una gatera. Mezclo hoy aquí sensaciones mías y ajenas, palabras, imágenes y… poesía, esa que abre tantas sendas.


Cuando un jueves cualquiera te levantas con un cúmulo de tareas sobre los hombros y su peso te doblega, de pronto, una ventana se abre. La ves. Logras volver a sonreír y hacer algo más liviano el día y las horas agitadas que esperan. Entonces, recuerdas y amasas alegrías viejas: Rilke en el pueblo. Un escaparate de una librería y en el centro: la poesía. ¡Una librería de pueblo que le hacía honores a Rilke! Primera sorpresa. Pasé de largo, no obstante. Otro día entraría. Los tiempos no permiten muchos lujos y ya era un lujo ver un escaparate con poesía. Malos tiempos para la lírica.


Pero fue ese jueves de ajetreos, nervios y tareas, ese jueves en que volví a pasar por la puerta de esa librería nueva, cuando llegó la segunda sorpresa: allí estaba el libro Paul Auster, Poesía completa, de cuya traducción del inglés y de cuyo prólogo se ha encargado Jordi Doce y de cuya existencia ya sabía por su bitácora. Esta vez, puse límites a las limitaciones de esta crisis impuesta, y, que me perdone Rilke, entré en la librería con Auster en la cabeza. Pregunté el precio del libro, casi como una estrategia para ocultar mi alegría, o para tener más tiempo de saborearla. No sé. No presté mucha atención a la respuesta. De todas formas, iba a comprar el libro y rápidamente lo tendría, entre mis dedos.


Me dispuse a hablar con las dos libreras. Les expliqué que, semanas antes, me había sorprendido mucho ver en el centro de su escaparate varios libros de poesía y, entre ellos, a Rilke y les hice partícipes de mi regocijo, dándoles la enhorabuena. Me agradecieron el comentario y me explicaron que estaban contentas. Su decisión de traer poesía al pueblo había tenido muy buena aceptación, comentaron. El público que lee poesía es un público fiel, añadieron. Yo las escuché, atenta. Terminamos la conversación, las tres satisfechas, y yo, además, salí de la librería, con Auster entre las manos, ya no sólo en la cabeza. El resto de la tarde no me pesaron las tareas. Llegué a casa, dejé el libro en mi cuarto y, al finalizar el día, lo abrí, con ganas de que el azar guiara mis pasos y el primer poema que se me ofreció fue el que transcribo a continuación. 


Ante todo y más allá de mis divagaciones sobre puertas, ventanas, poesía y gateras, os recomiendo el libro Paul Auster, Poesía completa (prólogo y traducciones de Jordi Doce): podéis leer en él tanto el original de los poemas de Auster como las precisas y exquisitas traducciones de Jordi. Siempre merece la alegría disfrutar de la poesía con mayúsculas, esa que traza puentes y abre ventanas y gateras.





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© Índigo, de las imágenes y los trazos. © Paul Auster, del poema White nights y © Jordi Doce de su traducción al castellano: Noches blancas._____







NOCHES BLANCAS, Trad. Jordi Doce

Nadie aquí,
y el cuerpo dice: cuanto se diga
no debe ser dicho. Pero nadie
es un cuerpo igualmente, y lo que el cuerpo dice
nadie lo oye
sino tú.

Nevada y noche. La repetición
de un asesinato
entre los árboles. La pluma
se mueve por la tierra: ya no sabe
qué va a ocurrir, y la mano que la sostiene
ha desaparecido.

Escribe, sin embargo.
Escribe: en el principio,
entre los árboles, un cuerpo vino caminando
desde la noche. Escribe:
la blancura del cuerpo
es del color de la tierra. Es tierra,
y la tierra escribe: todo
es del color del silencio.

Ya no estoy aquí. Nunca he dicho
lo que tú dices
que he dicho. Y, sin embargo, el cuerpo es un lugar
donde nada muere. Y cada noche,
desde el silencio de los árboles, sabes
que mi voz
viene caminando hacia ti.

© Jordi Doce, de la traducción del poema de Auster que puede leerse a continuación en inglés y que figura en Paul Auster – Poesía Completa, Ed. Seix Barral, 2012, ISBN: 978-84-322-1420, p. 85)









WHITE NIGHTS, PAUL AUSTER

No one here,
and the body says: whatever is said
is not to be said. But no one
is a body as well, and what the body says
is heard by no one
but you.

Snowfall and night. The repetition
of a murder
among the trees. The pen
moves across the earth: it no longer knows
what will happen, and the hand that holds it
has disappeared.

Nevertheless, it writes.
It writes: in the beginning,
among the trees, a body came walking
from the night. It writes: the body’s whiteness
is the color of earth. It is earth,
and the earth writes: everything
is the color of silence.

I am no longer here. I have never said
what you say
I have said. And yet, the body is a place
where nothing dies. And each night,
from the silence of the trees, you know
that my voice
comes walking toward you.