jueves, 15 de marzo de 2012

Al fin has de ver, Mário Quintana



Al fin has de ver que las cosas más leves son las únicas
que el viento no logró llevarse:
un estribillo antiguo,
una caricia en el momento preciso,
las hojas deshojadas de un libro de poemas,
el olor que tenía un día el propio viento…



***Índigo de las imágenes y de esta versión del poema de Mário Quintana.***  Una de las libélulas que me habita me dijo estas palabras mágicas sobre el poeta: "Me has hecho recordar una historia. Cuentan que Mário Quintana, a veces, se ponía triste y se escondía durante días en su piso de Porto Alegre, donde vivía. Y cuentan que un poeta amigo suyo, cuando lo sabía, atravesaba la ciudad y le dejaba al portero del edificio donde Mário vivía, libros, cartas y quindins (que son unos exquisitos dulces portugueses). No pedía subir ni hablar con su amigo Mário; silenciosamente le dejaba esas pequeñas cosas para que Mário se sintiera acompañado…"  Otra me mostró un ejemplo más de la emoción por lo diminuto. A ellas les dedico hoy esta entrada, con emoción y cariño.